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El papel de la reputación en una sociedad desconfiada

Por Ignacio Robledo (*)

Vivimos en tiempos de desconfianza. En el “Barómetro de confianza 2023”, publicado recientemente por la firma de Relaciones Públicas Edelman, se afirma que el mundo vive en un ciclo de desconfianza, misma que se manifiesta en todas las esferas de la actividad humana. La sociedad desconfía de sus gobiernos, de su estabilidad económica, de los medios de comunicación, de ideologías políticas, incluso, de lo que consume o compra.

Esa desconfianza también es alimentada por la polarización, lo cual se advierte con mayor claridad en el ámbito político. Es evidente que lo que predomina es una división relacionada con formas de pensar, vivir y actuar.  La polarización es causa y es consecuencia. Cuando un país está dividido, la sociedad no confía o confía muy poco, particularmente en sus instituciones.

En este mundo dividido, opuesto y polarizado, la única institución a la que la sociedad y las personas que la integran le tienen confianza, según este estudio, es a las empresas y, dentro de ellas, a su CEO y grupo directivo.

Esto se traduce en que acudimos a las empresas o nuestros empleadores como referencia para obtener información confiable, para que nos den una perspectiva de lo que está ocurriendo en el mundo, para alinearnos a sus valores, comportamientos, forma de pensar y hasta modelos de liderazgo.

La relevancia de la reputación

Las empresas son, en ese sentido, fuente de confianza en un mundo desconfiado y polarizado. En este contexto, la sociedad espera que las organizaciones muestren lo mejor de sí mismas en sus procesos y sistemas de calidad; empleados ejemplares; enfoque hacia el cliente; eficiencia; calidad de su oferta comercial; capacidad para innovar; liderazgo con estándares internacionales, y su enfoque hacia las personas. Todo ello, demostrado en sus conductas cotidianas y comunicado posteriormente a todos sus grupos de interés o interlocutores, es lo que les da fortaleza o debilidad.

En pocas palabras, hablamos de reputación. Sin entrar en conceptos muy complejos, aludiendo al connotado catedrático español, Justo Villafañe: para que haya reputación, ésta debe partir desde la realidad de las organizaciones, desde sus comportamientos, que estos puedan ser verificados empírica y, posteriormente, generar reconocimiento de todos por las conductas que se realizan día con día.

Para lograr ese reconocimiento, se requiere conducir, diseñar una estrategia de comunicación y reputación, misma que se basa en dar a conocer, con factores específicos y una metodología sencilla, todo lo bueno que se hace al interior de las empresas y que afuera se debe saber, porque eso, la reputación, es lo que precisamente, y sin darse cuenta en muchas ocasiones, ha generado que, en un mundo polarizado, sean factor de confianza.

Si te interesa conocer más de este tema y generar estrategias de reputación para tu empresa, te invitamos al Diplomado de Comunicación y Reputación de la Universidad Anáhuac. Descarga aquí el temario: https://bit.ly/3UHoije

*El autor es coordinador del Diplomado de Comunicación y Reputación de la Universidad Anáhuac.

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